Jan Hendrix
LESSONS IN PRINTMAKING (1975 - 1986)
Inauguración, jueves 4 de septiembre
La producción de Jan Hendrix realizada a partir de los años noventa ha sido ampliamente revisada y se encuentra bien documentada en distintas publicaciones que han acompañado prácticamente todo su recorrido artístico desde que se instaló en la Ciudad de México. A grandes rasgos, y de una manera un tanto simplificada, se le ubica como un artista dedicado a la naturaleza, un tema que ha perseguido en una infinidad de viajes a lo largo y ancho del mundo y que son la fuente de la que emanan piezas en diversas escalas, soportes y formatos.
Quienes hemos acompañado a Jan en su recorrido, sabemos que esas elegantes síntesis formales están ancladas por un lado, en un profundo conocimiento de la historia de la representación botánica, y por otro, en un dominio excepcional de las técnicas de reproducción gráfica. Desde esta perspectiva, la depuración que presenta el trabajo de Hendrix es el resultado de una serie de procesos técnicos y conceptuales complejos y fuertemente arraigados en sus años de formación vital y artística en Holanda. Un aprendizaje que fue confrontado con la experiencia de su llegada a México en los albores de los años setenta.
Para inaugurar la temporada, Proyecto Paralelo reúne una serie de obras de Jan Hendrix producidas entre 1975 y 1986 -un periodo de transición entre el final de su estancia en Europa y sus primeros años en México. El conjunto nos da la rara oportunidad de acercarnos al universo de referencias que informaron su práctica, así como a los primeros indicios de las derivas que tomaría su trayectoria. El conjunto es sorprendente al tiempo que ya apunta a la coherencia que entreteje toda su obra y, visto hoy, en un sentido aparece como premonitorio, pero también evidencia la manera en que Hendrix se desmarcó de ciertas prácticas contemporáneas para emprender la construcción de una gramática artística muy personal y difícil de encajar en escuelas o tendencias.
Sus referencias están fuertemente ancladas en sus experiencias como estudiante, primero en Ateliers ’63, entonces la escuela de arte más radical de Holanda. Abierta en Haarlem por un grupo de artistas establecidos que estaban convencidos de que los procesos de formación artística debían de orientarse de una manera más subjetiva y menos académica, los Ateliers eran un espacio auto-gestionado, anárquico y desvinculado de cualquier apoyo oficial. En Holanda representaron la verdadera revolución de las prácticas artísticas expandiéndolas hacia técnicas y soportes entonces experimentales que incluían el cine, la fotografía y las técnicas de impresión.
Hendrix abandona esta experiencia un tanto caótica cuando su amigo JCJ van der Heyden le anima a continuar sus estudios en la Jan Van Eyck Academie que estaba en un proceso radical de transformación de lo que eran hasta entonces los estudios de arte. El grupo de artistas al que pertenecía Hendrix conformó los primeros talleres experimentales de la Academia, un espacio que contaba además con una interesante dotación de fondos que les permitió montar talleres con equipos y tecnologías de punta. Este nuevo escenario -una institución clásica abriéndose a la experimentación- marcó el camino para Hendrix que optó por la serigrafía, una técnica entonces ultra-contemporánea y a su vez heredera de una larga tradición en la historia del arte. Las posibilidades de la serigrafía eran enormes desde muchos puntos de vista -estético, político, ideológico y social- y todas se adivinan ya en distintos movimientos artísticos de ese momento.
Hendrix reconoce una gran influencia de algunos de los movimientos más radicales de esos años: el Arte Conceptual, el Land Art y Fluxus, que con su irreverencia y la inclusión de ideas, gestos y objetos de la vida cotidiana en sus prácticas artísticas buscan romper con la distancia impuesta por el arte “culto”. Muy cerca está también la escena artística de Colonia y Düsseldorf, ciudades que en ese momento estaban re-inventando el arte desde las prácticas de artistas como Markus Lüperz, Nam Jun Paik o Dieter Roth y que gozaban de mucha más influencia e interés para Hendrix y su grupo que el ambiente cultural de la bohemia parisina. Este bagaje de Hendrix -que abarca las coordenadas que se extienden de Hans Memling a Andy Warhol y de Marcel Duchamp a Joseph Beuys-, se encontrará eventualmente con una escena mexicana pequeña, sofisticada y cosmopolita que le permite refugiarse en la materialidad de su práctica y empezar a decantar desde la distancia esos aprendizajes.
Es importante entender ese contexto para situar los trabajos producidos en esos primeros años en México, años en los que Hendrix se mantuvo a caballo entre dos mundos. En este conjunto encontramos piezas de fuerte carga conceptual pero también otras más cercanas a los planteamientos de artistas como Robert Rauschenberg en términos de manipulación y utilización de imágenes sacadas de los medios de comunicación. Se perciben una serie de gestos cuya carga política está, como el mismo Hendrix ha dicho, no tanto en los temas como en las actitudes: en la decisión de hacer obra múltiple, de producir libros de artista y arte correo para fomentar canales de distribución alternativos, o de introducir materiales y objetos cotidianos en las obras de arte para borrar la distinción entre el arte y la vida.
Por otro lado, la exposición nos invita a reflexionar sobre nuestra relación actual con la producción y el consumo de imágenes. Tomar fotografías -reproducir el mundo- era un proceso que requería de tiempo y de una cierta distancia. La experiencia del viaje tenía que ver con experiencias vitales que quedarían registradas en notas, en fotografías o en correspondencia y que Hendrix elabora en piezas más cercanas la bitácora de un viaje científico que al snapshot del turista . La tarjeta postal era entonces tan común como lo es hoy un post de Instagram, pero con una temporalidad bien distinta y totalmente alejada de la inmediatez y compresión del mundo que hoy habitamos. La relación de Jan con los artistas viajeros, relación que se ha estudiado con asiduidad en su obra, tiene que ver en parte precisamente con esta manera de capturar la información, procesarla y después re-lanzarla. Ese recorrido es ya visible en su obra de los años setenta en la que la distancia del viaje es la excusa para la reconstrucción visual de una experiencia a posteriori. Este aplazamiento -delay- se refuerza a su vez con su elección de medios: la serigrafía en tanto proceso de impresión obliga a construir la imagen en un estricto orden en el que la suma de las partes construye su sentido. No hay imagen inmediata, es en los intervalos del proceso en donde se construye la memoria.
Desde luego las aproximaciones al paisaje están ya presentes en esta selección de obra, aunque se relacionan con procesos de registro que por momentos aluden a la recolección de datos duros y mediciones junto a evocaciones más personales. Todos estos rastros se muestran como fragmentos que Hendrix va reuniendo para evocar un cierto entorno en un momento específico.
La piezas que conforman la exposición Lessons in Printmaking (1975-1986) nos confirman que a lo largo de los años el proceso intelectual y formal del trabajo de Hendrix no ha cambiado, simplemente las piezas han ido dejando en reserva toda la información y referencias recogidas (lo que él mismo llama “materia prima”) para depurar al máximo el resultado visual. Nos revelan también a un joven artista en pleno proceso de apropiación de una idea, de una técnica y de un mundo.